La Tute, El Firin y Cherry.
La relación entre los hombres y los animales es tan antigua como la historia del hombre mismo. Yo no soy la excepción. Recuerdo muy bien la primera perrita que tuvimos en casa: una pequeña pequinés café con matices negros que llamamos oficialmente Cherry, pero que como toda mascota que pasó por casa acabó con miles de diminutivos, siendo el más popular "Tute".
En fin, la Tute me acompañó en mi primera infancia junto con una pequeño periquito verde limón que un día perdió parte de su pico llamado "Firin" diminutivo de "Firincuarias".
Aprendí parte del cuido propio y de terceros a través del cuido de los animales, la Tute por su puesto nos hizo aprender del parto y los cuidados neonatales de "los tutinos".
Junto con La Tute llevamos la crianza de una de sus hijas, una hermosa perra mestiza impolutamente blanca que llamamos de igual forma "Blanca" hasta que nos dimos cuenta que la hija de la vecina de enfrente se llamaba igual, y tuvimos que inventar otro nombre para ella: Cherry.
Por ese entonces también empecé a deleitarme de la compañía de los gatos. El primero a llegar a casa fue un mestizo con características de siamés que llegó a nuestras vidas con nombre femenino y a las pocas semanas, cuando los testículos bajaron, pasó a llamarse Ogudito. Ogudito estuvo en nuestra familia muy pocos meses, desapareció una noche de tormenta y nunca más supimos de él.
Así fue como empezó mi afición a los peludos, misma que transmití a mi hija desde sus primeros meses de vida. Desde entonces han ido y venido por casa de todos las razas, colores y tamaños, nos hemos convertido en una especie de hogar de paso, mientras encontramos para cada uno de nuestros amores perrunos y gatunos una familia que les brinde amor y cuidados
En fin, la Tute me acompañó en mi primera infancia junto con una pequeño periquito verde limón que un día perdió parte de su pico llamado "Firin" diminutivo de "Firincuarias".
Aprendí parte del cuido propio y de terceros a través del cuido de los animales, la Tute por su puesto nos hizo aprender del parto y los cuidados neonatales de "los tutinos".
Junto con La Tute llevamos la crianza de una de sus hijas, una hermosa perra mestiza impolutamente blanca que llamamos de igual forma "Blanca" hasta que nos dimos cuenta que la hija de la vecina de enfrente se llamaba igual, y tuvimos que inventar otro nombre para ella: Cherry.
Por ese entonces también empecé a deleitarme de la compañía de los gatos. El primero a llegar a casa fue un mestizo con características de siamés que llegó a nuestras vidas con nombre femenino y a las pocas semanas, cuando los testículos bajaron, pasó a llamarse Ogudito. Ogudito estuvo en nuestra familia muy pocos meses, desapareció una noche de tormenta y nunca más supimos de él.
Así fue como empezó mi afición a los peludos, misma que transmití a mi hija desde sus primeros meses de vida. Desde entonces han ido y venido por casa de todos las razas, colores y tamaños, nos hemos convertido en una especie de hogar de paso, mientras encontramos para cada uno de nuestros amores perrunos y gatunos una familia que les brinde amor y cuidados
Marcela y Cherry en 1998.


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